Ya desde poco antes del siglo XX y, sobre todo, a lo largo de este siglo, principalmente entre 1950 y 1960, surgieron numerosos ensayos que describían la homosexualidad como “una enfermedad” y, en base a ello, se propusieron “tratamientos” de diversa índole que tenían como objetivo el de tratar de modificar la orientación sexual a fin de que lesbianas, gais y bisexuales “se convirtiesen en heterosexuales”.
El uso del psicoanálisis, la hipnosis, la tortura y los electrochoques para “curar” la homosexualidad y la bisexualidad, es algo que, por fortuna hoy día está prohibido en nuestra sociedad. Sin embargo, existe un “tratamiento” que aún perdura desde entonces: la hormonación cruzada.
El suministro de hormonas se ha usado contra homosexuales y bisexuales con el propósito de reducir la líbido, destruir la sexualidad y tratar de modificar la orientación sexual. Esto es algo que observamos hoy en día y que ha sido colado como “progresista” por medio del transactivismo.
Cada vez son más las voces y los estudios que ponen el grito en el cielo, alertando de cómo jóvenes lesbianas, gais y bisexuales están sufriendo una terapia de conversión 2.0 mediante bloqueadores de la pubertad y el uso de la hormonación cruzada.
Tal fue lo que le ocurrió a Alan Mathison Turing, sobre quien queremos hablar hoy.
fue un matemático, lógico, informático teórico, criptógrafo, filósofo y biólogo teórico británico.
Es considerado como uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna. Proporcionó una formalización influyente de los conceptos de algoritmo y computación: la máquina de Turing. Formuló su propia versión, que hoy es ampliamente aceptada como la tesis de Churh-Turing (1936).
En el campo de la inteligencia artificial es conocido sobre todo por la concepción de la prueba de Turing (1950), un criterio según el cual puede juzgarse la inteligencia de una máquina si sus respuestas en la prueba son indistinguibles de las de un ser humano.
Durante la II Guerra Mundial, fue el director de la sección Naval Enigma de Bletchley Park y desempeñó un papel crucial en la descodificación de los códigos nazis.
Particularmente los de la máquina «Enigma», con su trabajo en el diseño del dispositivo electromecánico «Bombe» usado para automatizar el proceso de descifrado de los códigos.
Se estima que su trabajo acortó la duración de dicha guerra entre dos y cuatro años.
Lamentablemente, su meteórica carrera de descubrimientos quedó truncada como consecuencia de la intolerancia.
En la investigación que surgió para aclarar un robo en el domicilio de Turing que él mismo denunció en 1952, admitió haber tenido relaciones homosexuales con un joven, lo que indujo a su procesamiento al amparo de las estrictas leyes británicas de la época.
Por más que el matemático se indignara ante tal violación de su vida privada los actos de homosexualidad eran ilegales y fue encausado bajo la Seción 11 del Criminal Law Amendment Act 1885.
Declarado culpable, tuvo que elegir entre la cárcel o un tratamiento de estrógenos que redujera su libido. Finalmente escogió las inyecciones de estrógenos, que duraron un año y le produjeron importantes alteraciones físicas, como la aparición de pechos o un apreciable aumento de peso, que lo condujeron a padecer de disfunción eréctil.
Estos efectos físicos secundarios junto con el ser apartado de su trabajo, y la estrecha vigilancia a que fue sometido, desembocaron en una depresión con un fatal desenlace: fue hallado muerto por envenenamiento el 7 de junio de 1954 en su domicilio.
Se decretó suicidio aunque el secretismo y la rapidez en cerrar el caso, motivaron no pocas controversias, incluida la de su propia madre.
Pocos científicos han logrado en tan corto espacio de tiempo vital resolver y avanzar en tantos campos de un modo tangible, práctico, como Alan Turing (lógica, computación, criptografía) iniciando otros tantos (neurociencia, inteligencia artificial, biomatemática).
La reparación póstuma de su dignidad y su reconocimiento como científico llegarían demasiado tarde para él.
Después de una campaña pública en 2009, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, se disculpó públicamente en nombre del gobierno británico por la forma espantosa en la que Turing había sido tratado:
«Me siento muy orgulloso de decir (a Turing): Lo lamentamos. Te merecías algo mejor«
La reina Isabel II le otorgó un indulto póstumo en 2013.
También en 2001 se inauguró una estatua de Turing en Mánchester.
El Instituto Alan Turing fue inaugurado en el verano de 2004.
En su antiguo domicilio, hay ahora una placa conmemorativa inaugurada en 2004.
El término «ley Alan Turing» ahora se usa de manera informal para referirse a una ley de 2017 en el Reino Unido que perdona retroactivamente a hombres amonestados o condenados en virtud de la legislación que prohibía los actos homosexuales.