Hemos remitido a la Ministra de Igualdad y a la Ministra de Sanidad nuestra crítica hacia las recomendaciones y pautas de trabajo recogidas en el «Anexo Reducción de riesgos en Chemsex» y en el documento «Abordaje del fenómeno del Chemsex» presentados ambos por el Ministerio de Sanidad en 2020.
Se denomina CHEMSEX al uso de drogas durante las relaciones sexuales
Resumen del documento elaborado por Mariluz Secilla de LGB Asociación y enviado a los ministerios de Igualdad y de Sanidad.
En nuestro análisis hemos contrastado las recomendaciones de los documentos elaborados por Sanidad con las conclusiones del estudio realizado por LGB Alliance sobre el fenómeno del Chemsex entre los hombres homosexuales.
Las conclusiones elaboradas por LGB Alliance son muy preocupantes.
Destaca la cifra de tres muertes al mes relacionadas con el Chemsex, solo en Londres, según el Colegio de Policía.
También aparece en el documento de LGB Alliance que las agresiones sexuales pueden ser habituales en el entorno del Chemsex. Otros delitos que pueden cometerse en el contexto del Chemsex son el chantaje, compartir y ver imágenes indecentes de niños, violencia de pareja, esclavitud sexual y delincuencia organizada relacionada con las drogas.
El Chemsex puede acarrear una serie de problemas de salud mental. Los problemas de salud mental suelen ser precursores y consecuencias del consumo problemático de drogas en el contexto del Chemsex.
Esto crea un círculo vicioso: los problemas de salud mental empujan a los hombres homosexuales a practicar el Chemsex, lo que a su vez agrava los problemas existentes y puede incluso crear otros nuevos. Los hombres que participan en estas prácticas ya son vulnerables a problemas de salud mental y pueden recurrir al Chemsex como una forma de escapar del estigma y el malestar social y psicológico.
Estos hombres pueden acabar convirtiéndose en delincuentes, como lo demuestra el enorme aumento de los delitos relacionados con el Chemsex, que dieron lugar a más de 600 condenas en 2024. La adicción es un riesgo considerable para quienes practican el Chemsex.
Estas conclusiones son muy preocupantes, sacan a la luz una serie de problemas sociales y sanitarios con una serie de consecuencias muy graves en las personas que practican Chemsex y para el conjunto de la sociedad.
Se podría pensar que una práctica que conduce a unas consecuencias con unas repercusiones tan graves en la vida de quienes practican el Chemsex, resultaría en un abordaje centrado sobre todo en la prevención y en la concienciación de las consecuencias del Chemsex.
Aunque el Ministerio de Sanidad sí hace una valoración de promover hábitos saludables, la mayor parte del enfoque se orienta a una reducción de los posibles riesgos y daños. Pero uno de los mayores riesgos que implica el Chemsex, como es la adicción a drogas, se hace de manera velada y sin identificarlo claramente como un riesgo grave y potencialmente mortal.
En especial nos preocupa el enfoque dado en el documento “Abordaje del fenómeno del Chemsex” del Ministerio de Sanidad.
Nuestra crítica se basa en que confunde que el que un grupo social haya sufrido discriminación o estigmatización no quiere decir que no haya cabida para una crítica argumentada hacia alguna de sus prácticas sociales.
Esto podría verse solamente como una actitud paternalista que no contempla a estos hombres como personas adultas capaces de hacer un ejercicio de reflexión sobre su modo de vivir.
Evitar un análisis realista y basado en la evidencia que se haría con cualquier otro grupo social, es en sí mismo otra forma de discriminación, cuyas consecuencias serían dejar en una invisibilización y con una merma considerable de recursos y políticas destinadas a atender a víctimas de agresiones y personas con secuelas por efectos de las drogas.
Por mucho que se incida en la atención a lo largo de este documento, minimizar e incluso normalizar el consumo de drogas y no fomentar el ejercicio de prácticas sexuales respetuosas con la otra persona, solo conlleva consecuencias negativas.
Nos preocupa que se reconozca que una situación previa, social o personal, de vulnerabilidad como es la homofobia aún presente en la sociedad (homofobia interiorizada) o una baja autoestima pueden ser los desencadenantes de la práctica del Chemsex. Y en vez de abordar cómo se pueden solucionar esos problemas previos, o ayudar a mitigar sus consecuencias, se llega a minimizar o incluso normalizar la práctica del Chemsex.
Las recomendaciones desde Sanidad son mayormente actuaciones preventivas dirigidas a cómo minimizar los daños que de seguro se van a producir.
Otras recomendaciones como la de incentivar hábitos saludables nos parecen insuficientes y con poco peso en el conjunto de las reflexiones del documento.
Son estas actuaciones dirigidas a conseguir una reducción de los daños reales las que deberían ocupar un papel central en las recomendaciones del documento.
Es todavía más preocupante las razones que se exponen en el documento como factores desencadenantes, puesto que cada uno de esos puntos sería abordable desde diferentes estrategias de educación, educación no sexista y programas de acompañamiento para minimizar las situaciones de homofobia.
Que se trivialice su consumo desde el Ministerio de Sanidad, es muy preocupante y nos oponemos a este enfoque que no prioriza la salud y/o la prevención del consumo de drogas.
A pesar de reconocer todas las variables negativas involucradas en el Chemsex, no hay indicaciones claras en los documentos sobre cómo atajar esta problemática y hacer llegar a estos hombres que pueden tener relaciones sexuales casuales sin involucrar el consumo de drogas.
Hemos detectado un preocupante enfoque paternalista al intentar justificar el consumo de drogas alegando la historia de discriminación y sufrimiento de gais y bisexuales.
Esto conlleva otro tipo de discriminación por orientación sexual, se infantiliza a gais y bisexuales, y se les niega la asistencia al no tratarles como a adultos a quienes se les puede advertir de conductas lesivas hacia sí mismos.
Conductas que pueden acarrear consecuencias graves, no solo por contagio de enfermedades de transmisión sexual, sino también por el riesgo de sufrir agresiones sexuales, chantajes con material digital de las prácticas sexuales, fallecimiento por diversas causas, deterioro de la salud por adicción a drogas y las repercusiones en el organismo. Sin olvidar las consecuencias penales por la comisión de delitos relacionados con la práctica del Chemsex.
La administración pública debería tener como prioridad fomentar unos hábitos saludables y la prevención de prácticas que conllevan graves daños a la salud, sin embargo no encontramos en los documentos una apuesta nítida y convincente sobre este punto.
Denunciamos la omisión de detectar, valorar, y solucionar los problemas psicológicos derivados de la discriminación por orientación sexual, aunque el propio documento de Sanidad resalte esta discriminación y relacione la homofobia con el consumo de drogas a fin de aliviar el posible sufrimiento psicológico causado por la homofobia interiorizada.
Pero Sanidad está fallando en solucionar los problemas causados por esta homofobia social e interiorizada si no sitúa como paso previo indispensable la erradicación del consumo de drogas.
Pensamos que se deberían priorizar los programas de prevención.
Actuar sobre el control de daños como medida estrella, no garantiza en absoluto que no se produzcan las muertes relacionadas con el Chemsex, tal y como denuncia el informe de LGB Alliance.
Ni tampoco evita otras consecuencias más serias como las agresiones sexuales o la aparición de enfermedades psiquiátricas graves por el consumo de drogas.
Nos preocupa que el enfoque por el que se opta desde la Administración sea fruto de una actitud paternalista que todavía no nos considera a cualquier persona LGB capaz de recibir una crítica o advertencia encaminada a una mejora de su calidad de vida.
Lo que reclamamos como personas LGB es que seamos tratadas/os como cualquier ciudadana/o, personas adultas con derechos y obligaciones, capaces de recibir intercambios de ideas y establecer diálogos, en los que la otra parte no tenga que medir sus palabras por el temor a expresar algo que pueda ofendernos.
La capacidad de dialogar, recibir críticas y ser capaz de recogerlas, analizarlas y realizar una contraargumentación basada en el pensamiento crítico es garantía de pensamiento autónomo no sometido a intereses políticos u otros diversos, y es prueba de capacidad de vivir en convivencia y llegar a acuerdos.
Documento completo disponible en formato pdf para su lectura o descarga aquí.