Peter Norman fue activista de los derechos de gays y lesbianas en la década de 1990 en Bélgica y a nivel internacional, trabajando como voluntario para la sección europea de la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA) y ayudando también a crear la asociación de personas trabajadoras gays y lesbianas de la Unión Europea, Égalité. Se jubiló en Tenerife en 2011 y en la actualidad forma parte de LGB Asociación.
LGB Asociación: Hola Peter, ¿Puedes contarnos si recuerdas, cómo se fundó Égalité y en qué ciudad?
Peter Norman: En 1993, cuando trabajaba como traductor para el Consejo de la UE (en aquel entonces CE) en Bruselas, un eurodiputado danés, Freddy Blak, planteó una pregunta en el Parlamento Europeo sobre la desigualdad de trato que sufrían las empleadas lesbianas y los empleados gays de las instituciones de la UE en comparación con las/os empleadas/os heterosexuales casadas/os. Básicamente, estas/os últimas/os tenían derecho a toda una serie de ayudas familiares por cuenta de sus cónyuges que nosotras/os no podíamos obtener por cuenta de nuestras parejas: entre otras cosas, una “asignación familiar”, seguro médico para cónyuges e hijas/os, y pensiones de viudedad. En aquel momento, el matrimonio no era una opción para las personas homosexuales en ningún país, y solo un país de Europa, o de hecho del mundo, el país natal de Freddy, Dinamarca, había aprobado una legislación (1) que permitía registrar las uniones civiles entre personas del mismo sexo.
Naturalmente, este discurso parlamentario se informó en las revistas internas del personal de las distintas instituciones y dio lugar a un animado debate en sus cartas al director. Yo escribí una carta en la que, básicamente, preguntaba si no era hora de que las/os empleadas/os gays y lesbianas empezáramos a presionar por nuestros derechos por nuestra cuenta, en lugar de depender de la intervención de las/os eurodiputadas/os. Aunque tenía experiencia en campañas L&G desde la década de 1970, en cierto sentido se trataba del típico error de principiante: nunca digas “¡hay que hacer algo!”; si lo dices, te responderán con un coro ensordecedor de “¡muchas gracias por ofrecerte a hacerlo!”.
Y así fue como llegué a organizar, en mi oficina del Consejo después del trabajo, una reunión preliminar de personas interesadas en crear algún tipo de asociación de empleadas/os lesbianas y gays de la Unión Europea, que aún no tenía nombre y cuyos objetivos estaban solo vagamente definidos. Por esta razón, algunas personas me atribuyeron durante unos años el mérito de haber “fundado” Égalité, pero esto no es ni mucho menos cierto. A lo sumo, encendí una antorcha con la chispa que encendió Freddy Blak, pero luego la pasé rápidamente a manos de organizadores/as más competentes de la Comisión (una institución mucho más grande que el Consejo).
La sesión parlamentaria en la que Freddy Blak realizó su intervención original probablemente se celebró en Estrasburgo, pero todo lo demás tuvo lugar en Bruselas, donde tienen su sede tanto la Comisión como el Consejo, por lo que supongo que podríamos decir que esa es la ciudad en la que se fundó Égalité. Pero la Unión Europea está compuesta por siete instituciones en total, con sede o reuniones en Bruselas, Luxemburgo, Estrasburgo y Fráncfort, por lo que también podríamos decir que existe simultáneamente en todos esos lugares.
Por cierto, su nombre original (ideado por una mente más creativa que la mía) era EGALITE, en mayúsculas y sin acentos, porque era el acrónimo de “Equality for Gays And Lesbians In The European institutions” (Igualdad para gays y lesbianas en las instituciones europeas). Ahora utiliza la grafía en minúsculas Égalité y afirma en su página web, de forma que no se corresponde con la realidad que “se creó en 1993 con el objetivo de combatir cualquier forma de discriminación basada en la orientación sexual, la identidad de género, la expresión de género o las características sexuales”, cuando solo defendía la orientación sexual.
LGB Asociación: ¿Podrías contarnos qué funciones tenías en Egalite?
Peter Norman: Rápidamente elegimos una Junta Directiva (¡por supuesto que lo hicimos, al fin y al cabo éramos burócratas!), pero yo no aspiré a ningún puesto en ella, en parte porque no me considero apto para desempeñar funciones de liderazgo o hablar en público, pero sobre todo porque el trabajo voluntario que ya realizaba para ILGA Europa me ocupaba mucho tiempo. Sin embargo, me encargué de editar nuestro boletín informativo, con la ayuda de dos o tres colegas muy trabajadoras/es. En aquellos días, los newsletters, o “zines”, cumplían la función que ahora desempeñan los sitios web, aunque, por supuesto, a un ritmo mucho más lento, para campañas o grupos comunitarios de todo tipo, incluso partidos políticos. No creo que la mayoría de nosotras/os tuviéramos acceso ni siquiera al correo electrónico básico, y mucho menos a Internet. Cuando empecé a trabajar para el Consejo en 1989, y durante un par de años después, ni siquiera tenía un ordenador en mi oficina: hacíamos nuestro trabajo con máquinas de escribir, y las operaciones de “cortar y pegar” implicaban literalmente tijeras y pegamento. Luego llevábamos nuestras traducciones en papel a las/os secretarias/os, que volvían a escribirlo todo en “procesadores de texto”. En 1993 las cosas habían avanzado un poco, pero aún así parecerían muy primitivas para las/os trabajadores de oficina de hoy en día.
LGB Asociación: ¿Quiénes formabais parte de esa primera Egalite?
Peter Norman: Bueno, en cuanto a personas concretas, creo que Niels Koch fue nuestro primer presidente; sin duda fue uno de los miembros fundadores. Peter Workman hizo mucho por nosotras/os en Luxemburgo, pero no estoy seguro de si estuvo allí desde el principio o se unió más tarde. Dos miembras fundadoras cuyos nombres pueden resultar más familiares para la gente de LGB Asociación son Jo Brew y Susie Jolly, que trabajaban en el Parlamento: Jo ahora trabaja con Women’s Declaration International, por lo que es sin duda una aliada, mientras que Susie, a quien recuerdo con el mismo cariño, también ha dejado su trabajo en la UE y ha escrito numerosos libros y artículos desde “el otro lado de la valla”, con una perspectiva genderista.
Si preguntas ¿qué categoría de personas?, entonces todas/os éramos funcionarias/os de la UE, aunque, por supuesto, también asistían a nuestros eventos sociales parejas y amigas/os. No creo que fuera necesario ser lesbiana o gay para unirse, siempre que se apoyaran nuestros objetivos, pero, sinceramente, no recuerdo que se planteara nunca la cuestión.
LGB Asociación: ¿En qué consistía vuestro activismo?
Peter Norman: Yo me concentré principalmente en la elaboración del newsletter y, junto con otras personas, en la coordinación con ILGA Europa. Se podría decir que las dos asociaciones tenían una especie de relación simbiótica, en la medida en que los cambios que buscábamos en nuestro Estatuto del Personal dependían, en cierta medida, del reconocimiento de las parejas del mismo sexo por parte de los Estados miembros, y que lograr este último objetivo se veía facilitado por el apoyo positivo de Bruselas. Otros asumieron las tareas más importantes de presionar a las/os eurodiputadas/os, a las/os representantes de los gobiernos nacionales en la Comisión y el Consejo, y a nuestros propios departamentos de administración de personal y sindicatos. Aunque participamos en los eventos del Orgullo L&G belga, casi ninguna de nuestras acciones activistas estaba dirigida al público en general: tanto dentro como fuera de la comunidad L&G, las/os funcionarias/os de la UE, ya fueran heterosexuales u homosexuales, eran percibidos en general, y a menudo con resentimiento, como extremadamente privilegiadas/os; habría sido poco prudente hacer demasiado públicas nuestras quejas internas.
No estoy seguro de cuándo se alcanzaron nuestros objetivos originales; creo que antes del año 2000, pero no he encontrado una forma conveniente de verificarlo, ya que la página del sitio web de Égalité que supuestamente expone la historia de la asociación, “30 Years of Égalité”, aunque está repleta de autocomplacencia, es sorprendentemente escasa en datos y fechas concretos. Tras esa victoria, podríamos habernos disuelto o haber seguido siendo simplemente un club social, pero en algún momento Égalité decidió abordar otras cuestiones, la mayoría de ellas —sí, lo habéis adivinado— relacionadas con el “TQ+”. Ahora presume de una serie de logros adicionales, algunos de los cuales yo aplaudiría, como el reembolso por el seguro médico de los costes de la inseminación intrauterina (IIU) y la fecundación in vitro (FIV) para parejas de mujeres y mujeres solteras, y otros que no acogería con agrado, como el permiso parental para las/os compañeras/os que tienen hijas/os mediante gestación subrogada, y el reembolso de los costes de los procedimientos relacionados con la transición, como el tratamiento hormonal, la cirugía genital y de pecho, la cirugía de feminización facial, la logopedia y la depilación.
LGB Asociación: ¿Puedes contarnos algún detalle de cómo era la vida de gais y lesbianas en esos años?
Peter Norman: Me resulta muy difícil responder a preguntas como esta. Es muy subjetivo, ¿no? En la página web de Égalité se cita a Niels Koch diciendo: “En aquella época, no había muchos gays o lesbianas que hubieran salido del armario, y nosotros ocultábamos nuestra orientación sexual.” No sé si Niels se refería a la cultura dentro de la Comisión, donde trabajaba, a las instituciones de la UE en su conjunto o al mundo en general. Yo trabajé para el Consejo, y su afirmación no concuerda con mis recuerdos de allí, ni con mi experiencia en Bruselas o Estrasburgo; quizá en cierta medida en Luxemburgo, que es un lugar pequeño y cotilla, como un pueblo. No puedo rebatir la experiencia de Niels con argumentos objetivos, pero sí observo que los gays y las lesbianas siempre parecen pintar un panorama desgarrador de lo dura que era nuestra vida hace 20 o 30 años: Estoy seguro de que en la década de 1990 la gente hablaba exactamente en los mismos términos sobre la vida en los años 70, pero yo recuerdo esa década también como una época, ciertamente lejos de ser perfecta, pero sin embargo muy optimista (al menos en Inglaterra y Francia, donde vivía en aquella época).
Una diferencia objetiva evidente con respecto a la actualidad, de la que seguramente todo el mundo es consciente, es que (por supuesto) nuestras vidas no se desarrollaban en Internet: no existían Tinder, Grindr o Her, ni Facebook, Myspace o Twitter, ni siquiera, para la gente corriente, los dispositivos con los que se podría haber accedido a esas plataformas, si hubieran existido. Eso implicaba que salíamos mucho más y nos reuníamos con amigas/os y desconocidas/os. No faltaban bares para hombres gays, mixtos L&G y para lesbianas donde podíamos socializar (por lo general) sin ser molestadas/os, y esos lugares desempeñaban un papel importante para las relaciones sociales, la compañía y el networking, más que solo para ligar.
LGB Asociación: ¿Formaste parte de ILGA?
Peter Norman: ILGA no tiene miembras/os individuales: es una asociación de asociaciones. Pero cuando se fundó Égalité, yo ya trabajaba (desde 1989/90) como voluntario para ILGA Europa, con la responsabilidad especial de coordinar proyectos en Europa del Este. Como organización, Égalité se unió a ILGA Europa muy poco después de su creación. No recuerdo si la pertenencia a ILGA Europa implica automáticamente la pertenencia a ILGA a nivel mundial; la propia ILGA estaba realizando cambios en su estructura organizativa por aquella época.
LGB Asociación: ¿Cuáles eran las diferencias entre Egalite y ILGA?
Peter Norman: Desde el punto de vista organizativo, no tienen prácticamente nada en común. Égalité era y es, por su naturaleza, una pequeña asociación centrada en una gama limitada de objetivos específicos, que trabaja en nombre de un número muy reducido de personas, las/os empleadas/os L&G (y ahora “BTQIA+”) de las instituciones de la UE. La Comisión, el Parlamento y el Consejo emplean en conjunto a unas 44 000 personas, menos de la mitad de la población de Andorra. La ILGA, por el contrario, es una organización paraguas que agrupa a más de 2000 asociaciones miembros en todo el mundo; la ILGA Europa cuenta con 700+ asociaciones miembros en Europa y Asia Central.
Si se refiere a diferencias en materia de políticas u opiniones, no conozco ninguna. Pero creo que es importante señalar que, en 1993, tanto ILGA Mundo como ILGA Europa seguían siendo foros en los que los diferentes miembros defendían una amplia gama de opiniones políticas y enfoques de campaña diferentes, que se debatían y discutían libremente en conferencias y otras reuniones. Ahora solo soy un observador externo, pero me parece que, entretanto, ILGA se ha decantado por una “ortodoxia” muy fija a la que todos los miembros deben ajustarse, e incluso se ha arrogado una especie de papel “misionero” en sus relaciones con los países no occidentales. No puedo saber si Égalité ha sido un promotor entusiasta de esta nueva agenda o si simplemente la ha acatado, pero, en cualquier caso, ha marchado al paso de ILGA y, lamentablemente, de la mayoría de las agrupaciones LGB(TQI+) de Europa y América.
LGB Asociación: ¿Cómo era vuestra relación con las personas trans?
Peter Norman: Ninguna, que yo sepa. En cualquier caso, no creo que la noción de “persona trans” existiera ya como concepto unitario. Las personas que aspiraban a “cambiar de sexo”, los travestis fetichistas públicos o privados y las/os artistas drag eran categorías bien diferenciadas, tanto en nuestra mente como en la autoimagen de cada uno de esos grupos.
LGB Asociación: ¿Cómo os financiabais?
Peter Norman: Como se indica en el sitio web de Égalité: “Égalité es una asociación creada por miembras/os del personal de la UE y financiada exclusivamente por sus miembras/os. Así ha sido siempre. No puedo imaginar quién más nos habría dado dinero, ni que nosotras/os hubiéramos tenido la desfachatez de pedirlo. Aunque teníamos quejas legítimas contra nuestros empleadores, nadie nos habría creído, como funcionarias/os de la UE, si hubiéramos afirmado estar de alguna manera perjudicadas/os por la pobreza (¡!).
LGB Asociación: ¿En esos años os llamabais queer?
Peter Norman: Por supuesto que no. Ningún homosexual británico o irlandés se había referido a sí mismo como “queer” desde la década de 1960. (Su uso en referencia a las lesbianas siempre había sido poco frecuente). La palabra seguía utilizándose únicamente como insulto por parte de los homófobos, y aún no había sido “recuperada” a este lado del Atlántico. No me di cuenta de su reincorporación al léxico gay en Norteamérica hasta unos años más tarde, y mi interpretación en aquel momento fue que estaba siendo recuperada por algunos hombres homosexuales que consideraban que la palabra “gay” se había asociado demasiado con una postura asimilacionista en cuanto a los derechos de los homosexuales. Sentí cierta simpatía por su punto de vista: todas las principales organizaciones estadounidenses de defensa de los derechos de los homosexuales sí eran innegablemente asimilacionistas, especialmente en su fetichización del matrimonio homosexual a expensas de todos los demás objetivos y, sobre todo, excluyendo cualquier crítica al papel que el matrimonio heterosexual había desempeñado históricamente en la opresión de las mujeres.
Y esta no era, ni mucho menos, la primera vez que las/os homosexuales “reciclaban” antiguos insultos para convertirlos en descriptores positivos de sí mismas/os. En la década de 1980, una revista canadiense se autodenominó con orgullo “Fags and Faggotry” (Maricones y Mariconería), y “Dykes on Bikes” han encabezado desfiles del Orgullo en más de una docena de ciudades de todo el mundo desde 1976. Aunque algunos homófobos creen, o fingen creer, que los homosexuales “robaron” y “estropearon” una palabra “inocente” que significa “feliz, alegre”, lo cierto es que la palabra “gay” ya se utilizó en la primera mitad del siglo XX para describirnos de una manera nada halagüeña, tras haber tenido durante muchos siglos connotaciones de promiscuidad e inmoralidad: a finales del siglo XIX, “gay house” era un término común para referirse a un burdel, ya fuera hetero- u homosexual.
Pero tenían muchos términos peyorativos entre los que elegir, y su elección de “queer” puede revelar su ignorancia o desprecio por nuestra historia: en la novela- manifiesto alegórica del neoyorquino Larry Mitchell de 1977 The Faggots & Their Friends Between Revolutions (“Los maricones y sus amigas/os entre revoluciones”), muy influyente en la comunidad gay radical de la época, los “queer men” son precisamente aquellos hombres gays que no han salido del armario o que se han asimilado a la sociedad patriarcal, y en ningún caso amigos de los maricones.
Junto a Égalité, y estrechamente vinculada a ella, existe ahora una segunda asociación LGBetcetera, “Queer Stagiaires”, para jóvenes becarias/os/practicantes de las instituciones europeas.
LGB Asociación: ¿Erais conscientes que en esos años se empezaban a desarrollar los estudios queer que preparaban lo que ahora estamos viviendo?
Peter Norman: Creo que algunas de nuestras miembras lesbianas eran mucho más conscientes de esto que nosotros, como hombres gays. Dos mujeres con las que trabajé estrechamente en Egalité fueron Jo Brew y Susie Jolly. La primera trabaja ahora con Women’s Declaration International, una organización que defiende el realismo del sexo y aliada de nuestra LGB Asociación, mientras que la segunda es autora de numerosos libros y artículos desde la perspectiva opuesta (genderista, pro-trans). Personalmente, a través de amigas del mundo académico anglófono, era consciente de que los Women’s Studies se estaban transformando o siendo desplazados de las universidades por algo llamado “Gender Studies”, y les creí cuando me dijeron que eso era “algo malo”, aunque en aquel momento aún no tenía una idea clara de cuáles serían todas las implicaciones que eso tendría.
O bien mi comprensión del nuevo uso de la palabra “queer”, tal y como se describe en la respuesta a tu última pregunta, era defectuosa, o bien el alcance del término se amplió enormemente en el transcurso de los años noventa y dos mil, probablemente un poco de ambas cosas. A diferencia de muchos otros insultos homófobos (faggot, fairy, pansy, dyke, diesel, maricón, mariquita, bollera), “queer” no hacía hincapié en la no conformidad con los roles de género, sino más bien en la “rareza”, la “extrañeza” y la “perversión” (etimológicamente, está relacionado con el español “torcido”), y todo ello parece haber sido aceptado como virtudes positivas por quienes utilizan el autodescriptor “queer”, un término cuyo significado se ha ampliado tanto que ahora incluye a personas heterosexuales aparentemente corrientes, que solo se distinguen por su DESEO de ser o parecer “raras” o “extrañas” de alguna manera.
LGB Asociación: ¿Teníais alguna relación con grupos feministas?
Peter Norman: Como asociación, no. Algunas de nuestras miembras estaban involucradas en la política feminista, pero en Bruselas, en la década de 1990, había muy poca cooperación directa entre los grupos de homosexuales hombres o mixtos y las asociaciones feministas.
LGB Asociación: ¿Cuándo empezaste a preguntarte si el activismo trans estaba afectando a los derechos del colectivo LGB?
Peter Norman: No sabría decir la fecha exacta, pero la primera vez que oí hablar de este nuevo fenómeno “transgénero” fue a través de unas amigas lesbianas en Inglaterra. De forma totalmente inesperada, dos amigas diferentes (que ni siquiera se conocían entre sí) me contaron, con cierta angustia, que sus exparejas (una estadounidense y otra británica) se iban a someter a un “cambio de sexo” o “cambio de género”. No recuerdo qué término se utilizó, pero probablemente la distinción no habría tenido ningún significado para mí. Decir que me sorprendió sería quedarme corto: mis amigas eran mujeres con antecedentes en el feminismo radical y, en un caso, separatista; imagino que sus exparejas también habían formado parte de ese mundo. Estamos hablando de personas de mediana edad, por lo que esto fue antes y no tiene nada (directamente) que ver con la epidemia actual de adolescentes, influenciadas por las redes sociales, que descubren que son “no binarias” o “trans”. Inmediatamente pensé en la novela de Leslie Feinberg (2) de 1993, Stone Butch Blues, que me había parecido triste y desconcertante. Si mis amigas esperaban de mí alguna palabra de sabiduría o perspicacia, les debí decepcionar enormemente.
Pero las noticias que me revelaron me obligaron a ser más consciente de lo que estaba sucediendo en el mundo gay que me rodeaba, e incluso a investigar activamente el fenómeno “transgénero”, aunque nunca imaginé ni por un momento la avalancha que engulliría tanto a nuestras organizaciones gays como a las instituciones sociales más amplias. En cuanto a las primeras, soy profundamente pesimista. Las asociaciones “mixtas” de lesbianas y gais siempre han dado prioridad a los intereses de los hombres sobre los de las mujeres, y los hombres gais que no son activos partidarios de las personas trans pueden permitirse el lujo de la indiferencia: no son nuestros bares los que están cerrando debido a una invasión de mujeres que se identifican como trans y nos exigen sexo, la presencia de mujeres en nuestros baños y vestuarios no nos pone en peligro, y tenemos poco que temer de las mujeres que pudieran participar en nuestras competiciones deportivas. Los llamamientos a los hombres gays para que muestren una verdadera solidaridad con las lesbianas casi siempre han caído en saco roto, y en lo que concierne a una cuestión en la que las propias lesbianas están (inexplicablemente) divididas, veo pocas perspectivas de que eso cambie.
Referencias:
1- Como disposición distinta de la ley de 1988, Suecia permitió a las parejas del mismo sexo registrarse para obtener prestaciones de pareja en 1995, Suecia se incorporó a la UE en 1995.
2- https://en.wikipedia.org/wiki/Stone_Butch_Blues#:~:text=Stone%20Butch%20Blues%20is%20a,20th%20century%20in%20New%20York
https://en.wikipedia.org/wiki/Leslie_Feinberg